ES/SB 2.2.2: Difference between revisions

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El alma condicionada siempre está dedicada a trazar planes en busca de la felicidad dentro del mundo material, incluso hasta el tope de los límites del universo. Ella ni siquiera se siente satisfecha con las comodidades que hay disponibles en este planeta Tierra, en donde ha explotado los recursos naturales lo mejor que ha podido. Ella quiere ir a la Luna o al planeta Venus a explotar los recursos naturales de ahí. Pero el Señor nos ha advertido en el Bhagavad-gītā (8.16) que todos los innumerables planetas de este universo, así como también aquellos que se encuentran en otros sistemas, no valen la pena. Existe una infinidad de universos, y también hay una infinidad de planetas en cada uno de ellos. Pero ninguno es inmune a los principales sufrimientos de la existencia material, es decir, a los tormentos del nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades. El Señor dice que ni siquiera el planeta más elevado de todos, conocido como Brahmaloka o Satyaloka (y ni qué hablar de otros planetas, tales como los planetas celestiales), es una tierra apropiada para residir en ella, debido a la presencia de los tormentos materiales, tal como se mencionó antes. Las almas condicionadas se encuentran estrictamente controladas por las leyes de las actividades fruitivas, a raíz de lo cual a veces ascienden hasta Brahmaloka y de nuevo descienden a Pātālaloka, como si fueran niños poco inteligentes que juegan en un tiovivo. La verdadera felicidad se encuentra en el Reino de Dios, en donde nadie tiene que someterse a los tormentos de la existencia material. Por lo tanto, los derroteros védicos que presentan actividades fruitivas a las entidades vivientes, son engañosos. Uno piensa que existe un modo de vida superior en este país o en aquel, o en este planeta o en aquel otro, pero en ninguna parte del mundo material uno puede cumplir el verdadero deseo de su vida, es decir, conseguir una vida eterna, plena inteligencia y bienaventuranza total. De una manera indirecta, Śrīla Śukadeva Gosvāmī afirma que, en la última etapa de la vida, Mahārāja Parīkṣit no debe desear trasladarse a los llamados planetas celestiales, sino que debe prepararse para ir de vuelta al hogar, de vuelta a Dios. Ninguno de los planetas materiales, ni las comodidades que hay disponibles en ellos para vivir, son perdurables; por ende, uno debe mostrar una verdadera renuencia a disfrutar de esa felicidad temporal que ellos proporcionan.
El alma condicionada siempre está dedicada a trazar planes en busca de la felicidad dentro del mundo material, incluso hasta el tope de los límites del universo. Ella ni siquiera se siente satisfecha con las comodidades que hay disponibles en este planeta Tierra, en donde ha explotado los recursos naturales lo mejor que ha podido. Ella quiere ir a la Luna o al planeta Venus a explotar los recursos naturales de ahí. Pero el Señor nos ha advertido en el ''Bhagavad-gītā'' ([[ES/BG 8.16|8.16]]) que todos los innumerables planetas de este universo, así como también aquellos que se encuentran en otros sistemas, no valen la pena. Existe una infinidad de universos, y también hay una infinidad de planetas en cada uno de ellos. Pero ninguno es inmune a los principales sufrimientos de la existencia material, es decir, a los tormentos del nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades. El Señor dice que ni siquiera el planeta más elevado de todos, conocido como Brahmaloka o Satyaloka (y ni qué hablar de otros planetas, tales como los planetas celestiales), es una tierra apropiada para residir en ella, debido a la presencia de los tormentos materiales, tal como se mencionó antes. Las almas condicionadas se encuentran estrictamente controladas por las leyes de las actividades fruitivas, a raíz de lo cual a veces ascienden hasta Brahmaloka y de nuevo descienden a Pātālaloka, como si fueran niños poco inteligentes que juegan en un tiovivo. La verdadera felicidad se encuentra en el Reino de Dios, en donde nadie tiene que someterse a los tormentos de la existencia material. Por lo tanto, los derroteros védicos que presentan actividades fruitivas a las entidades vivientes, son engañosos. Uno piensa que existe un modo de vida superior en este país o en aquel, o en este planeta o en aquel otro, pero en ninguna parte del mundo material uno puede cumplir el verdadero deseo de su vida, es decir, conseguir una vida eterna, plena inteligencia y bienaventuranza total. De una manera indirecta, Śrīla Śukadeva Gosvāmī afirma que, en la última etapa de la vida, Mahārāja Parīkṣit no debe desear trasladarse a los llamados planetas celestiales, sino que debe prepararse para ir de vuelta al hogar, de vuelta a Dios. Ninguno de los planetas materiales, ni las comodidades que hay disponibles en ellos para vivir, son perdurables; por ende, uno debe mostrar una verdadera renuencia a disfrutar de esa felicidad temporal que ellos proporcionan.
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Latest revision as of 18:36, 6 December 2023


Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada


TEXTO 2

śābdasya hi brahmaṇa eṣa panthā
yan nāmabhir dhyāyati dhīr apārthaiḥ
paribhramaṁs tatra na vindate ’rthān
māyāmaye vāsanayā śayānaḥ


PALABRA POR PALABRA

śābdasya—del sonido védico; hi—ciertamente; brahmaṇaḥ—de los Vedas; eṣaḥ—estos; panthāḥ—el camino; yat—que es; nāmabhiḥ—mediante diferentes nombres; dhyāyati—cavila; dhīḥ—inteligencia; apārthaiḥ—mediante ideas sin sentido; paribhraman—deambulando; tatra—ahí; na—jamás; vindate—disfruta; arthān—realidades; māyā-maye—en cosas ilusorias; vāsanayā—mediante diferentes deseos; śayānaḥ—como si soñara mientras duerme.


TRADUCCIÓN

La manera en que se presentan los sonidos védicos es tan engañosa, que dirige la inteligencia de la gente hacia cosas sin sentido, tales como los reinos celestiales. Las almas condicionadas se la pasan soñando con esos ilusorios placeres celestiales, pero en verdad no saborean ninguna felicidad tangible en esos lugares.


SIGNIFICADO

El alma condicionada siempre está dedicada a trazar planes en busca de la felicidad dentro del mundo material, incluso hasta el tope de los límites del universo. Ella ni siquiera se siente satisfecha con las comodidades que hay disponibles en este planeta Tierra, en donde ha explotado los recursos naturales lo mejor que ha podido. Ella quiere ir a la Luna o al planeta Venus a explotar los recursos naturales de ahí. Pero el Señor nos ha advertido en el Bhagavad-gītā (8.16) que todos los innumerables planetas de este universo, así como también aquellos que se encuentran en otros sistemas, no valen la pena. Existe una infinidad de universos, y también hay una infinidad de planetas en cada uno de ellos. Pero ninguno es inmune a los principales sufrimientos de la existencia material, es decir, a los tormentos del nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades. El Señor dice que ni siquiera el planeta más elevado de todos, conocido como Brahmaloka o Satyaloka (y ni qué hablar de otros planetas, tales como los planetas celestiales), es una tierra apropiada para residir en ella, debido a la presencia de los tormentos materiales, tal como se mencionó antes. Las almas condicionadas se encuentran estrictamente controladas por las leyes de las actividades fruitivas, a raíz de lo cual a veces ascienden hasta Brahmaloka y de nuevo descienden a Pātālaloka, como si fueran niños poco inteligentes que juegan en un tiovivo. La verdadera felicidad se encuentra en el Reino de Dios, en donde nadie tiene que someterse a los tormentos de la existencia material. Por lo tanto, los derroteros védicos que presentan actividades fruitivas a las entidades vivientes, son engañosos. Uno piensa que existe un modo de vida superior en este país o en aquel, o en este planeta o en aquel otro, pero en ninguna parte del mundo material uno puede cumplir el verdadero deseo de su vida, es decir, conseguir una vida eterna, plena inteligencia y bienaventuranza total. De una manera indirecta, Śrīla Śukadeva Gosvāmī afirma que, en la última etapa de la vida, Mahārāja Parīkṣit no debe desear trasladarse a los llamados planetas celestiales, sino que debe prepararse para ir de vuelta al hogar, de vuelta a Dios. Ninguno de los planetas materiales, ni las comodidades que hay disponibles en ellos para vivir, son perdurables; por ende, uno debe mostrar una verdadera renuencia a disfrutar de esa felicidad temporal que ellos proporcionan.