ES/SB 6.12.15


Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada


TEXTO 15

sattvaṁ rajas tama iti
prakṛter nātmano guṇāḥ
tatra sākṣiṇam ātmānaṁ
yo veda sa na badhyate


PALABRA POR PALABRA

sattvam—la modalidad de la bondad; rajaḥ—la modalidad de la pasión; tamaḥ—la modalidad de la ignorancia; iti—así; prakṛteḥ—de la naturaleza material; na—no; ātmanaḥ—del alma espiritual; guṇāḥ—las cualidades; tatra—en esa posición; sākṣiṇam—el observador; ātmānam—el ser; yaḥ—todo el que; veda—conoce; saḥ—él; na—no; badhyate—está atado.


TRADUCCIÓN

Aquel que sabe que las tres cualidades (bondad, pasión e ignorancia) no son cualidades del alma, sino de la naturaleza material, y sabe también que el alma pura no es sino un observador de las acciones y reacciones de esas cualidades, debe ser considerado una persona liberada. Él no está atado por esas cualidades.


SIGNIFICADO

En el Bhagavad-gītā (18.54), el Señor explica:


brahma-bhūtaḥ prasannātmā
na śocati na kāṅkṣati
samaḥ sarveṣu bhūteṣu
mad-bhaktiṁ labhate parām


«Aquel que se establece en el plano trascendental percibe de inmediato el Brahman Supremo y se vuelve plenamente dichoso. Nunca se lamenta ni desea poseer nada. Tiene la misma disposición para con todas las entidades vivientes. Habiendo alcanzado ese estado, Me ofrece servicio devocional puro». Quien alcanza la autorrealización, la etapa brahma-bhūta, sabe que todo lo que sucede durante su vida se debe a la contaminación de las modalidades de la naturaleza material. El ser vivo, el alma pura, no tiene nada que ver con esas modalidades. En medio del huracán del mundo material, todo cambia rápidamente, pero a aquel que simplemente observa en silencio las acciones y reacciones del huracán, se le considera liberado. La verdadera cualidad del alma liberada consiste en permanecer consciente de Kṛṣṇa, sin dejarse perturbar por las acciones y reacciones de la energía material. Esa persona liberada siempre está llena de júbilo. Nunca se lamenta ni anhela nada. Puesto que es el Señor Supremo quien le provee de todo, la entidad viviente, dependiendo por completo de Él, no debe protestar ni aceptar nada para la complacencia de sus propios sentidos, sino que debe recibirlo todo como misericordia del Señor y permanecer estable en toda circunstancia.