ES/SB 9.4 El resumen


Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada


Este capítulo relata la historia de Mahārāja Nabhaga, de su hijo Nābhāga, y de Mahārāja Ambarīṣa.

Nabhaga, el hijo de Manu, tuvo un hijo, Nābhāga, que vivió durante muchos años en el gurukula. Mientras se hallaba ausente, sus hermanos se repartieron el reino sin tenerle en cuenta, y, cuando Nābhāga regresó al hogar, le dijeron que la parte reservada para él era su propio padre. Nābhāga fue a ver a su padre y le contó lo que sus hermanos habían hecho; el padre entonces lo descubrió el engaño y le aconsejó que, para asegurarse el sustento, fuese al recinto de sacrificios y explicase dos mantras para que se cantasen allí. Nābhāga cumplió la orden de su padre, de modo que Aṅgirā y otras grandes personas santas le entregaron todo el dinero reunido en el sacrificio. Para probar a Nābhāga, el Señor Śiva le cuestionó su derecho sobre aquellas riquezas, pero, satisfecho con su conducta, acabó ofreciéndoselas.

De Nābhāga nació Ambarīṣa, devoto muy célebre y poderoso. Aunque fue emperador del mundo entero, Mahārāja Ambarīṣa consideraba sus opulencias algo temporal. En verdad, sabiendo que las opulencias materiales son causa de caída a la vida condicionada, estaba desapegado de ellas. Mahārāja Ambarīṣa ocupó la mente y los sentidos en el servicio del Señor. Ese proceso de renuncia positiva recibe el nombre de yukta-vairāgya, y es muy apropiado para adorar a la Suprema Personalidad de Dios. Mahārāja Ambarīṣa, como emperador, gozaba de una opulencia inmensa, que empleó en su práctica de servicio devocional. Debido a ello, a pesar de sus riquezas, no sentía apego por su mujer, sus hijos o su reino. Sus sentidos estaban constantemente dedicados al servicio del Señor, de modo que ni siquiera deseaba la liberación, por no hablar del disfrute de la opulencia material.

Un día, mientras Mahārāja Ambarīṣa adoraba a la Suprema Personalidad de Dios en Vṛndāvana, observando el voto de dvādaśī, el gran yogī místico Durvāsā se presentó en su casa. Era dvādaśī, el día que sigue a ekādaśī, y el rey Ambarīṣa estaba a punto de romper su ayuno. El rey consideró a Durvāsā Muni su invitado y le ofreció una respetuosa bienvenida. Durvāsā Muni, después de aceptar su invitación a comer, fue a bañarse al río Yamunā. Era mediodía, y Durvāsā, debido a su estado de samādhi, tardó en regresar. Mahārāja Ambarīṣa, viendo que el plazo para romper su ayuno estaba a punto de expirar, consultó con brāhmaṇas eruditos y bebió un poquito de agua para cumplir con la formalidad de romper el ayuno. Mediante su poder místico, Durvāsā Muni se dio cuenta de lo ocurrido y se puso furioso. A su regreso reprendió a Mahārāja Ambarīṣa; pero, no contento con ello, se arrancó unos cabellos y creó un demonio que tenía el aspecto del fuego de la muerte. Sin embargo, la Suprema Personalidad de Dios, que siempre protege a Su devoto, envió Su disco, el cakra Sudarśana, para proteger a Mahārāja Ambarīṣa. El disco acabó rápidamente con el demonio en llamas y comenzó a perseguir a Durvāsā, que tanta envidia tenía de Mahārāja Ambarīṣa. Huyendo de él, Durvāsā pasó por Śivaloka, Brahmaloka y todos los demás planetas superiores, pero no hallaba protección contra la ira del cakra Sudarśana. Por último, fue al mundo espiritual y se rindió ante el Señor Nārāyaṇa; pero el Señor Nārāyaṇa no podía disculpar a una persona que había ofendido a un vaiṣṇava. Para que la ofensa le fuese perdonada, tendría que humillarse ante el vaiṣṇava a quien había ofendido. No hay otra manera de ser perdonado. De ese modo, el Señor Nārāyaṇa aconsejó a Durvāsā que regresase a pedir perdón a Mahārāja Ambarīṣa.